Opinión
Hace unos días discutí en una tertulia con gente que proponía que a los terroristas había que machacarlos, sin darles tregua y utilizando sus mismos métodos.
El debate tenía que ver con el asesinato del rehén francés Michel Germaneau a manos de la franquicia del Magreb Islámico de Al Qaeda, y la decisión tomada por el Presidente de la República francesa Nicolás Sarkosy de emprender una acción militar para liberarlo. Por cierto el presidente bajito pero con mala leche ha anunciado que va a por ellos y que no les saldrá gratis lo que han hecho.
Mis interlocutores en la tertulia defendían la tesis de que los estados fuertes en vez de recibir ultimatums deben darlos y cumplirlos: es decir adelantarse al bíblico ojo por ojo y dar el primer golpe antes de recibirlo.
Me quedé sólo en la argumentación de que lo que hace fuerte a los estados es el imperio de la ley y que las democracias son sólidas cuando se rigen por las leyes y no por las actuaciones paralelas que realizan sus servicios secretos.
La respuesta que recibí fue que “cuando uno se pone estupendo le acaban sodomizando”.
Como no quiero que me den por ahí, he pensado que un ratito de análisis de la realidad no hace mal a nadie.
La historia de las democracias occidentales está preñada de contradicciones. Los que no creen en el sistema de libertades y de respeto a los derechos humanos, se conocen al dedillo nuestras normas de convivencia para aprovecharse de ellas aunque no tienen la mínima intención de cumplirlas.
Los que matan y no se arrepienten ni reparan las consecuencias de sus acciones salen de la cárcel con más facilidad que el resto de los chorizos.
Nuestro gobierno ha regresado al camino de final dialogado con los criminales de ETA y según Rubalcaba para dejar de pertenecer a ETA basta con borrarse de ese club de asesinos.
Entre islamistas fanatizados y etarras convencidos de que lo suyo es lo bueno estamos en un sin vivir. Tenemos que ser buenos con unos y con los otros.
Lo nuestro consiste en respetar las diferencias y lo suyo es matar a quienes no las respeten.
¿Saben lo que les digo?
Que no tengo muy claro qué es lo que hay que hacer con los malos, aunque ellos sí tienen cristalino lo que deben hacer con nosotros.
El debate tenía que ver con el asesinato del rehén francés Michel Germaneau a manos de la franquicia del Magreb Islámico de Al Qaeda, y la decisión tomada por el Presidente de la República francesa Nicolás Sarkosy de emprender una acción militar para liberarlo. Por cierto el presidente bajito pero con mala leche ha anunciado que va a por ellos y que no les saldrá gratis lo que han hecho.
Mis interlocutores en la tertulia defendían la tesis de que los estados fuertes en vez de recibir ultimatums deben darlos y cumplirlos: es decir adelantarse al bíblico ojo por ojo y dar el primer golpe antes de recibirlo.
Me quedé sólo en la argumentación de que lo que hace fuerte a los estados es el imperio de la ley y que las democracias son sólidas cuando se rigen por las leyes y no por las actuaciones paralelas que realizan sus servicios secretos.
La respuesta que recibí fue que “cuando uno se pone estupendo le acaban sodomizando”.
Como no quiero que me den por ahí, he pensado que un ratito de análisis de la realidad no hace mal a nadie.
La historia de las democracias occidentales está preñada de contradicciones. Los que no creen en el sistema de libertades y de respeto a los derechos humanos, se conocen al dedillo nuestras normas de convivencia para aprovecharse de ellas aunque no tienen la mínima intención de cumplirlas.
Los que matan y no se arrepienten ni reparan las consecuencias de sus acciones salen de la cárcel con más facilidad que el resto de los chorizos.
Nuestro gobierno ha regresado al camino de final dialogado con los criminales de ETA y según Rubalcaba para dejar de pertenecer a ETA basta con borrarse de ese club de asesinos.
Entre islamistas fanatizados y etarras convencidos de que lo suyo es lo bueno estamos en un sin vivir. Tenemos que ser buenos con unos y con los otros.
Lo nuestro consiste en respetar las diferencias y lo suyo es matar a quienes no las respeten.
¿Saben lo que les digo?
Que no tengo muy claro qué es lo que hay que hacer con los malos, aunque ellos sí tienen cristalino lo que deben hacer con nosotros.
Fdo: Diego Armario
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