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Opinión
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Tengo un amigo que tiene presente en todo momento una máxima: "siempre dilata un poquito más", ¡y vaya si dilata! He seguido con cierta atención el debate y la posterior votación en el Parlamento catalán sobre la prohibición de las corridas de toros en Cataluña a partir del 2012. Una iniciativa ciudadana que ha triunfado con 68 votos a favor y 55 en contra.

Lo que realmente cabe preguntarse es el porqué de todo esto. Bien cabría imaginarse que todo responde a una loable e incansable batalla de los grupos animalistas que, siendo consecuentes con su defensa de los derechos de los animales, logran llevar al Parlamento catalán dicha prohibición. Yo, que no me caracterizo por ser una persona desconfiada, empecé a sospechar sobre las verdaderas razones de todo esto hace ya unos días, cuando leí que la iniciativa afecta solamente a las corridas de toros, dejando fuera de la quema al resto de espectáculos taurinos.

Salvo el brazo de Santa Teresa pocas cosas quedan ya incorruptibles, ni siquiera los ideales de los animalistas, entre los que se encuentran personas de diferentes ideologías, que son capaces de arrojarse en los brazos de los independentistas catalanes por un puñado de votos. Es triste, pero más bien parece que lo que querían eliminar es un símbolo más del malvado y antidemocrático estado opresor español. Supongo que lo mismo que pretendía el grupo de CiU en el Ayuntamiento de Barcelona cuando presentó una iniciativa para multar a los taxistas que exhibieran la bandera de España tras el triunfo de la Selección Española en el Mundial o aquella ocasión cuando Esquerra Republicana pretendía prohibir la venta de toros y muñecas flamencas en las tiendas de souvenirs. Tal y como sospechaba, siempre dilata un poquito más.

Después de este espectáculo yo me quedo mucho más tranquilo. Existiendo cuatro millones de parados y una crisis económica que no da tregua, siempre nos quedarán iniciativas parlamentarias que reflejen las preocupaciones reales de los ciudadanos. Unos ciudadanos que a pesar de no llegar a fin de mes, de no poder elegir de manera libre la lengua en la que se educan sus hijos, de no poder aspirar a un puesto público si no hablan catalán… ni siquiera podrán ya consolarse con aquello de "donde haya una buena corrida…"


Fdo: Juanjo Armario
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Comentarios - 2
  • alberto - 31/07/2010
    Lástima que elrecurso ese de la corrida esté demasiado manoseado. Por lo demás lo que dice usted refleja bastante bien lo que piensan los que como usted piensa. Una pena, por otra parte, que no tengan las agallas de decir: sí séñor eltoro lo pasa mal,pero que le den y si es catalán (el toro) pues mejor.
  • Javier - 30/07/2010
    Eres bueno...abogado¡ Siguiendo con tu metáforra, algunos politicos catalanes ni comen di dejan comer y tampoco dejan que haya corridas.
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